La contrapartida “económica” de esta cultura moderna atravesada por las tecnologías constituye su principal problema: la precarización. El empleo tradicional, es puesto en jaque por la mecanización creciente de los puestos de trabajos. Y muchas veces nos vemos inmersos en un mercado laboral precario, que  se define tanto por su ilegalidad, su falta de registro o ejercicio clandestino, como por la incertidumbre y debilidad de las relaciones salariales de dependencia. La flexibilidad, sin embargo, es una rasgo nuevo que constituye el ataque a la burocracia y la rutina, y la exigencia de apertura y disposición al cambio, esto es, hacer del riesgo una virtud. Frente a esto, el emprender exitoso debe contar con la capacidad de prosperar en estas condiciones sociales de inestabilidad, y tiene que hacer frente a tres desafíos. El primero tiene que ver con el tiempo, el emprendedor debe ser hábil en el tiempo corto y mediano plazo, tiene que ser capaz de manejarse a sí mismo,  y a un equipo de trabajo volátil o cambiante. El segundo desafío tiene relación con el talento, la necesidad de desarrollar nuevas habilidades, explorar capacidades potenciales a medida que las demandas de la realidad cambian. Muchas habilidades son articuladas al contexto en un esquema que privilegia la capacidad potencial de los empresarios, es decir trabajar con la mirada puesta en el futuro, un trabajo de imaginación, metas y sueños. El tercer desafío es entonces la renuncia al pasado. La mirada puesta en la construcción de un futuro distinto, sin miedos a romper paradigmas y salir de la zona de confort para lograr el éxito.